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domingo, 22 de julio de 2018

comentario editorial

Una sinfonía debe ser como el mundo, debe abarcar todo (Gustav Mahler)
22 de julio. Domingo XVI del TO
Mc 6, 30-34
Al desembarcar, vio un gran gentío y se compadeció porque eran como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles muchas cosas
El pintor inglés William Hogarth en su célebre grabado Los cuatro estados de la crueldad, muestra la historia de un hombre a través de cuatro grabados. En el primero se le ve de niño martirizando a un perro.  En el segundo, como cochero, maltrata brutalmente a su caballo caído en el suelo. En el tercero lo detienen por haber asesinado a su amante, y en el cuarto un perro devora su corazón, que yace en medio de sus entrañas. Cuando el hombre no respeta a los demás seres vivos, éstos acaban perdiéndole a él dicho respeto.
En general la tradición cristiana ha hecho poco caso de los animales. Entre las raras voces discordantes, tenemos el ejemplo de Francisco de Asís, que en el siglo XIII pedía a sus hermanos que “honrasen a todo lo que vive”. Se cuenta que predicaba a los pájaros, que volvió pacífico a un lobo feroz que aterrorizaba a los habitantes de Gubbio. Y otro, éste del siglo XXI, que ha querido rendir homenaje a su santo patrón publicando una encíclica consagrada a las cuestiones ecológicas, Laudato si, que preconiza el respeto a los animales: “El corazón es único, y la misma miseria que nos lleva a maltratar al animal, no tarda en manifestarse en la relación con otras personas”, dice y Zurbarán le pintó en actitud contemplativa. Un Poverello de Assisi -verdadero pobre de Dios-, reconocido hasta por los ecologistas como un hombre de nuestro tiempo, que vela sin descanso por la salud de mundo entero.
Como prototipo de tropelías tenemos al obispo Barthélemy Boganda (1910-1959), líder político nacionalista de la actual República Centroafricana, que declaró malditos y excomulgados a ratones y hormigas que estropeaban las cosechas. Su osadía le costó también a él la vida. Hormigas y ratones conmemoraron aquel día, como el perro de Hogarth, la tragedia.
“No tenemos dos corazones, uno para los hombres, otro para los animales. O se tiene corazón o no se tiene”, dijo el escritor, poeta y político francés Alfonso de Lamartine (1790-1869).  p 9 Escritores, filósofos, científicos, y psicólogos que saben que un ser humano solo puede crecer en humanidad siendo lo más respetuoso posible con todos los seres sensibles que pueblan la tierra. p 19 Todos ellos, como Jesús de Nazareth -maestro ilustre, conocedor de la vida campestre.  ¿No dijo un día -y yo con él lo digo, pues también nací en un pueblo-“Fijaos en las aves del cielo: no siembran ni cosechan, ni recogen en graneros, y sin embargo vuestro Padre del cielo las alimenta (Mt 6, 26). Y en 6, 28-29, “Mirad cómo crecen los lirios silvestres, sin trabajar ni hilar. Os aseguró que ni Salomón, con todo su fasto, se vistió como uno de ellos.
Frédéric Lenoir (1962), filósofo, sociólogo, -escritor francés y doctor de la Escuela de altos estudios en ciencias sociales- escribe en la contraportada de su obra Carta abierta a los animales y a los que no se creen superiores a ellos lo siguiente: Porque mostrar humanidad no significa simplemente respetar a los otros seres humanos, sino a todo ser vivo con sensibilidad y conciencia. Y es precisamente ahí, en nuestra posición de especie más consciente y más poderosa del planeta, donde como seres humanos tenemos que expresar nuestra superioridad moral, utilizando nuestro privilegio no para explotar y destruir a las otras formas, sino para protegerlas”.
El concepto de relaciones del ser humano con el resto de los seres ha variado sustancialmente a lo largo y ancho de su existencia. En sus inicios, por ejemplo, el Homo sapiens consideraba que la naturaleza entera estaba habitada por fuerzas y espíritus: el denominado animismo, derivado del término latino anima. Idea que engloba diversas creencias en las que tanto objetos de uso cotidiano como cualquier elemento del mundo natural (montañas, ríos, el cielo, la tierra, plantas, animales, árboles, etc.) están dotados de alma o consciencia propia. Esto se puede expresar simplemente como que todo está vivo, es consciente o tiene un alma. En África el animismo se encuentra todavía hoy en su versión más compleja y acabada, incluyendo el concepto de magara: fuerza vital universal, que conecta a todos los seres animados, así como la creencia en una relación estrecha entre las almas de los vivos y los muertos. En el Neolítico, dejó der considerar estaba encantado y poblada de espíritus, remplazándoles por los dioses de la ciudad, a los que rendía culto, con objeto de obtener su protección contra sus enemigos, y la ayuda necesaria para vivir: lluvia para las cosechas, fecundidad de los ganados… etc.
Finalizaremos nuestro comentario mencionando lo referente al reconocimiento de los derechos de los animales. En la Declaración Universal de los Derechos del Animal, aprobada en Londres en 1977, de sus catorce artículos, los dos primeros manifiestan:
Artículo 1.
Todos los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia.
Artículo 2.
a) Todo animal tiene derecho al respeto.
b) El hombre, en tanto que especie animal, no puede atribuirse el derecho de exterminar a los otros animales o de explotarlos violando ese derecho. Tiene la obligación de poner sus conocimientos al servicio de los animales.
c) Todos los animales tienen derecho a la atención, a los cuidados y a la protección del hombre.
En nuestro Poema, cantamos las glorias de una de esas humildes criaturas -el cedro-, en cuyo seno acoge junto al hombre, a cuantos seres viven hermanados en el Planeta Tierra, pues Una sinfonía debe ser como el mundo, debe abarcar todo”, escribió Gustav Mahler).

EL CEDRO
Sueñas los sueños de Dios en el bosque.¡Vanos sueños!Tu olor piadoso no tolerani gusanos ni insectos.
¡Templos de Salomón, en oleaje incesante de oración hacia el cielo!Copa piramidal; pero tus ramas,horizontales siempre sobre el suelo.
¡Árbol con alma que el espacio llenasresonando vida hacia los muertos, acógenos a todos los humanoscomo acoges las aves en tu seno!
Te canta Gilgamesh en su Epopeya,y el Salmista lo entona en este verso:“florecerá como la palma el justo,Crecerá inmarcesible como el cedro”.
¿Será crecer sin marchitarse, el modode revolucionar el universo?

Vicente Martínez
FUENTE:  Martínez, V. (22 de julio de 2018). Humanidad de la Naturaleza. Madrid, España: Fe Adulta.  Recuperado de http://www.feadulta.com/es/eucol1.html

domingo, 10 de junio de 2018

¿QUÉ ES MÁS SANO?



Mc 3, 20-35
La cultura moderna exalta el valor de la salud física y mental, y dedica toda clase de esfuerzos para prevenir y combatir las enfermedades. Pero, al mismo tiempo, estamos construyendo entre todos una sociedad donde no es fácil vivir de modo sano.
Nunca ha estado la vida tan amenazada por el desequilibrio ecológico, la contaminación, el estrés o la depresión. Por otra parte, venimos fomentando un estilo de vida donde la falta de sentido, la carencia de valores, un cierto tipo de consumismo, la trivialización del sexo, la incomunicación y tantas otras frustraciones impiden a las personas crecer de manera sana.
Ya S. Freud, en su obra El malestar en la cultura, consideró la posibilidad de que una sociedad esté enferma en su conjunto y pueda padecer neurosis colectivas de las que tal vez pocos individuos sean conscientes. Puede incluso suceder que dentro de una sociedad enferma se considere precisamente enfermos a aquellos que están más sanos.
Algo de esto sucede con Jesús, de quien sus familiares piensan que «no está en sus cabales», mientras los letrados venidos de Jerusalén consideran que «tiene dentro a Belzebú».
En cualquier caso, hemos de afirmar que una sociedad es sana en la medida en que favorece el desarrollo sano de las personas. Cuando, por el contrario, las conduce a su vaciamiento interior, la fragmentación, la cosificación o disolución como seres humanos, hemos de decir que esa sociedad es, al menos en parte, patógena.
Por eso hemos de ser lo suficientemente lúcidos como para preguntarnos si no estamos cayendo en neurosis colectivas y conductas poco sanas sin apenas ser conscientes de ello.
¿Qué es más sano, dejarnos arrastrar por una vida de confort, comodidad y exceso que aletarga el espíritu y disminuye la creatividad de las personas o vivir de modo sobrio y moderado, sin caer en «la patología de la abundancia»?
¿Qué es más sano, seguir funcionando como «objetos» que giran por la vida sin sentido, reduciéndola a un «sistema de deseos y satisfacciones», o construir la existencia día a día dándole un sentido último desde la fe? No olvidemos que Carl G. Jung se atrevió a considerar la neurosis como «el sufrimiento del alma que no ha encontrado su sentido».
¿Qué es más sano, llenar la vida de cosas, productos de moda, vestidos, bebidas, revistas y televisión o cuidar las necesidades más hondas y entrañables del ser humano en la relación de la pareja, en el hogar y en la convivencia social?
¿Qué es más sano, reprimir la dimensión religiosa vaciando de trascendencia nuestra vida o vivir desde una actitud de confianza en ese Dios «amigo de la vida» que solo quiere y busca la plenitud del ser humano?

José Antonio Pagola
FUENTE:  Pagola, A. (10 de junio de 2018). ¿Qué es más sano?. Fe adulta. Recuperado de http://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/9780-que-es-mas-sano.html

viernes, 23 de marzo de 2018


IDENTIFICADO CON LAS VÍCTIMAS

Ni el poder de Roma ni las autoridades del Templo pudieron soportar la novedad de Jesús. Su manera de entender y de vivir a Dios era peligrosa. No defendía el Imperio de Tiberio. Llamaba a todos a buscar el Reino de Dios y su Justicia. No le importaba romper la ley del sábado ni las tradiciones religiosas. Solo le preocupaba aliviar el sufrimiento de las gentes enfermas y desnutridas de Galilea.
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No se lo perdonaron. Jesús se identificaba demasiado con las víctimas inocentes del Imperio y con los olvidados por la Religión del Templo. Ejecutado sin piedad en una cruz, en Él se nos revela ahora Dios, identificado para siempre con todas las víctimas inocentes de la historia. Al grito de todos ellos se une ahora el grito de dolor del mismo Dios.

En ese rostro desfigurado del Crucificado se nos revela un Dios sorprendente, que rompe nuestras imágenes convencionales de Dios y pone en cuestión toda práctica religiosa que pretenda darle culto olvidando el drama de un mundo donde se sigue crucificando a los más débiles e indefensos.

Si Dios ha muerto identificado con las víctimas, su crucifixión se convierte en un desafío inquietante para los seguidores de Jesús. No podemos separar a Dios del sufrimiento de los inocentes. No podemos adorar al Crucificado y vivir de espaldas al sufrimiento de tantos seres humanos destruidos por el hambre, las guerras o la miseria.

Dios nos sigue interpelando desde los crucificados de nuestros días. No nos está permitido seguir viviendo como espectadores de ese sufrimiento inmenso alimentando una ingenua ilusión de inocencia. Hemos de rebelarnos contra esa cultura del olvido que nos permite aislarnos de los crucificados, desplazando el sufrimiento injusto que hay en el mundo hacia una «lejanía» donde desaparece todo clamor, gemido o llanto.

No podemos encerrarnos en nuestra «sociedad del bienestar», ignorando a esa otra «sociedad del malestar» en la que millones de seres humanos nacen solo para extinguirse a los pocos años de una vida que solo ha sido sufrimiento. No es humano ni cristiano instalarnos en la seguridad olvidando a quienes solo conocen una vida insegura y amenazada.

Cuando los cristianos levantamos nuestros ojos hasta el rostro del Crucificado, contemplamos el amor insondable de Dios, entregado hasta la muerte por nuestra salvación. Si lo miramos más detenidamente, pronto descubrimos en ese rostro el de tantos otros crucificados que, lejos o cerca de nosotros, están reclamando nuestro amor solidario y compasivo.
SEÑOR JESÚS, QUEREMOS VIVIR LA SEMANA SANTA DE LA MANO DE MARCOS Y SU RELATO DE LA PASIÓN. AYÚDANOS A IDENTIFICARNOS CON TUS SENTIMIENTOS Y TUS OPCIONES:
‘ANTES DE LA FIESTA DE PASCUA, SABIENDO JESÚS QUE HABÍA LLEGADO SU HORA DE PASAR DE ESTE MUNDO AL PADRE, ÉL, QUE HABÍA AMADO A LOS SUYOS QUE QUEDABAN EN EL MUNDO, LOS AMÓ HASTA EL FIN’. (Juan 13, 1). 
José Antonio Pagola Domingo de Ramos - B (Marcos 14,1-72; 15,1-47) 25 de Marzo 2018